Friday, December 30, 2011
Palabras de un desterrado
Monday, December 26, 2011
Google no hizo a la gente mediocre.
Tuesday, September 20, 2011
Sin Cadáver
Saturday, July 02, 2011
Sobre ausencias
o tal vez sea solo la angustia de que ya no te puede doler mas
Wednesday, February 02, 2011
Ausencia
Esta mañana he vuelto a despertar con esa misma extrañeza. No me siento triste, aunque hubiese esperado ello. Pero tampoco me siento feliz. No me siento de ningún modo, solo cierto hastío y este vacío. Es como si hubiese desechado un trozo de mí por el inodoro. Este vacío, esta sensación de ausencia se me hace tan incomoda en cuanto me percato de ella. Tengo la esperanza de que algún día me abandone, que algo la llene.
Pero a veces temo que no sea de ese modo. Ella no querrá que nadie la destierre. Y cuando este caminando en la calle, ella caminara a mi lado. Sentado en el autobús, ella estará al otro lado del autobús mirándome absorta. Me sonreirá disimuladamente sobre el hombro en tanto este frente al espejo.
Y ahí estará, esperando en mi cuarto sentada a un lado de la cama, siempre mirándome absorta
Sunday, April 05, 2009
Una mandarina en el bus
Recuerdo esa ocasión en la que iba de regreso a casa. Iba sentado en la ultima fila, absorto en mi pensamiento, con los ojos fijos en mi rodillas; muy poco interés me despiertan los demás. De repente aparece una mano en mi campo de visión que me ofrece una mandarina. Atónito, no se si molestarme, porque lo menos que puedo pensar es que se la esta ofreciendo a otra gente al lado mio y yo solo algo en el medio. Levanto los ojos y ahí una muchacha trigueña de cabello negro que me preguntaba ¿quieres? No era fea, pero tampoco particularmente bonita. Pero tenia un aire de que el mundo aun no la había tocado y todavía soñaba con los ojos abiertos. Solo atine a agarrar la mandarina y decir gracias, aun apenado por sentirme tentado a lanzarle una dentellada por la sola osadía de entrometerse en mi espacio. Estuvimos hablando durante todo el trayecto, mientras yo solo pensaba en porque me dio esa mandarina.
Nos cruzamos otras dos veces y tan súbitamente como apareció con su mandarina, así mismo desapareció de mi vida. De ella solo recuerdo que se llamaba roberta y que usaba una falda blanca el día que la conocí. Ya ni siquiera la memoria de su rostro queda. Aun hoy a veces la recuerdo y me pregunto ¿porque me ofreció esa mandarina? ¿que te impulsa atener ese gesto con un total extraño? ¿que fue eso que vio? Quizás no haya nada que preguntar y fuese algo tan simple como un ¡¿por que no?!
Tuesday, August 19, 2008
El minotauro en el laberinto
Caballero de lóbrega armadura, he ante ti el laberinto, donde esta apresado el minotauro. Sus muros han sido levantados con los despojos de aquellos ofrecidos al minotauro. ¿A que has venido? ¿a matar al minotauro? ¿entonces que? ¿terminara esta guerra? ¿cuantos demonios has enfrentado? ¿acaso lo recuerdas? ¿cuando comenzaste esta guerra? ¿eso otro acaso lo recuerdas?
Empuja las grandes puertas del laberinto. Frías y húmedas palpitan a tu tacto. Una ráfaga de angustia y hastió te da la bienvenida. Y he ahí la garganta profunda y oscura que espera ansiosamente por ti. ¿Porque desciendes a donde tantos han sucumbido? ¿acaso crees que derrotando al minotauro, ya no libraras mas batallas? Todo guerrero aspira terminar la guerra. Eso es todo lo que sabes.
***
¿Cuando comenzó tu descenso? ya no lo recuerdas. Pareciese que tu vida comenzó en este laberinto y que todo lo anterior es tan lejano y borroso. Estos muros se han hecho tu mundo. Estos fríos muros levantados con los despojos de todos aquellos aniquilados por el minotauro. ¡¿Cuantas batallas has librado, caballero?! ¡¿Cuan manchada esta tu armadura?!
Ha pasado tanto tiempo y finalmente el estrecho túnel se ensancha para conducir a un gran vestíbulo. Al fondo de este hay una gran puerta negra. Sabes que conduce a la cámara donde mora el minotauro. Ha pasado tanto tiempo. ¡No te has de apresurar, caballero! ¿ves esa gran calavera? tomala a guisa de asiento. sientate y aguarda el momento, que tras esa gran puerta negra, el minotauro espera por ti.
¿Que es eso que acaricias con tanto fervor, mientras observas la puerta de la cámara? ¿un hilo dorado? Ese hilo dorado que sostienes en tus manos. ¿que es? ¡Unos hermosos ojos vistos en una tarde de febrero! ¡Aquella tarde que llovió sin nubes! ¡Ese oasis al que acudes en busca de sosiego! ¡El solo deseo de retornar del laberinto! ¡Eso es! ¡Todo eso es!
¡Levantate caballero! la espera ha concluido. La gran puerta negra se ha abierto. ¿Sientes como te sofocas? Eso es, aferrate a ese hilo dorado y quizás el minotauro no te engulla. Al verte, el minotauro se yergué en su inmensidad, cierra los ojos y aspira con satisfacción, riendo entonces con tal estruendo que pareciese el laberinto reír con el. "Mi carcelero se ha presentado ante mi." Por un instante te contempla y esa mirada te arranca el alma. En sus ojos solo esta el abismo. ¿Cuanto tiempo has contemplado esos ojos sin contemplar siquiera? Es como contemplar la mirada de una serpiente. ¡¿Porque la inhumanidad nos cautiva de ese modo?! ¡Despierta caballero! El minotauro se abalanza sobre ti cual tempestad. Todo el odio del mundo te es arrojado en cada golpe. ¡Tanto hambre! ¡Tanta ira! Blande con decisión tu acero, caballero.
¡Fluye la sangre del minotauro! ¡fluye tu sangre, caballero! El laberinto aulla en frenesí. La sangre se arremolina y pesadillas carmesíes se hacen presente. ¿Cuantos han caído ante el minotauro? ¿Cuantos han caído ante ti, caballero? cada rostro asumido por ti ha hecho presencia. Toda la prole del minotauro contempla esta batalla. Toda esa ira hecha carne se abalanza sobre ti, caballero. tanta ira apresada solo anhelando merodear libre en este mundo, para así devorarlo todo y a todos. Toda esa ira hecha carne se abalanza sobre ti, su carcelero. Sus golpes queman como cal viva, su voz es como el azogue, su aliento arranca el alma, en sus ojos solo esta el abismo. Sientes como tu cuerpo tiembla ya. Cuan cansado estas ¿porque sigues luchando? ¿porque no dejarte caer? La caída sería un alivio. Solo cierra tus ojos y dejate caer.
***
¡Pero no! aun te aferras a ese hilo dorado. Aquello de lo que no puedes ni quieres desprenderte. Aferrate a ese hilo con fervor y halla un nuevo aliento en medio de la desesperacion total. Y en tanto asi sea, no has de caer. Pero tampoco el minotauro. En tanto tu tengas aliento, el minotauro tendra aliento. Y asi la la lucha durara hasta el fin de tu tiempo, porque el minotauro es a quien apresa la armadura. El minotauro eres tu.
Tuesday, July 08, 2008
Si el día de mañana muriera
Quien se percataría de que ya no estoy? acaso alguien sabrá que he muerto?
Si el día de mañana muriera
Cuantos me llorarían? Y a quien llorarían?
Si el día de mañana muriera
Les tomaría de sorpresa la noticia? O ya estaban esperando que eso pasase?
Si el día de mañana muriera
Podrían entender porque he muerto? Seguro muchos me lo reprocharan
Si el día de mañana muriera
Cuanto me llorarían? Tal vez solo un poco y luego seguirían su vida como hasta ahora
En todo caso, si el día de mañana muriera
Ninguna de esas respuestas me importaría
Wednesday, January 30, 2008
El dilema del caballero negro
¡Oh, pobre caballero negro!
¿Como podrías amar a tu dama?
¡Cuanta dulzura en su mirada!
!Cuanta alegría, cuanta vida!
Todo aquello por lo que darías tu vida.
Todo aquello para lo que tú eres negación.
¡Oh, pobre caballero negro!
¿Como podrías amar a tu dama?
¿Como podrías tocar su tez? Cuando tu armadura esta manchada en la sangre de tantas matanzas.
¿Acaso te atreverías a hablarle? Cuando en tu voz ya no queda compasión ni clemencia, ni en tu boca caben palabras dulces, solo condenas inapelables.
¿Cómo te atreverías a mirarla? Cuando en tu mirada solo queda desolación y sombras.
¿Como podrías dejarte ver por ella? Si tu mismo, ya no soportas tu propia imagen.
¡Oh, pobre caballero negro!
¿Como podrías amar a tu dama?
cuando no eres otra cosa que su negación.
Solo pereciendo la preservas.
Monday, January 07, 2008
La paradoja de Edipo
Creo en el destino. Más desearía no creer.
He pasado mi vida intentando negarlo y en ese esfuerzo solo lo confirmo.
Recuerdas a Layo, rey de Tebas, aquel a quien el oráculo predijo que concebiría un vástago que sería su verdugo y que cometería incesto con su amada Yocasta. Noches en vela, transcurrió Layo con su cabeza apretada entre sus grandes manos. Desesperado, rogaba que tal atrocidad no pudiese ser. Finalmente las dudas se despejan y solo queda la resolución: El era Layo, rey de Tebas, nacido de la raza de Cadmos y no permitiría que ni los dioses se apropiasen de su destino.
Así le ordeno a su más fiel sirviente que al nacer el príncipe lo arrebatase del lecho de su madre y lo abandonase su suerte en el bosque de Citerón, para que muriese devorado por las fieras. Pero ante el llanto de la criatura, ni la más incuestionable lealtad es suficiente para cometer semejante atrocidad. De ese modo, el sirviente lleva al niño a tierras lejanas, haciéndole creer a su rey que cumplió su encomienda.
¡Pobre Layo! ¡Si hubiese sabido que ignorando al oráculo lo negaba! ¡En tanto negándolo lo concretaba!
De este modo, el joven príncipe terminaría en manos de Pólibo, rey de Corinto y su Reina Mérope, cuyo vientre había resultado incapaz de concebir. Estos vieron al niño como un don de los dioses y por ello le criaron como si ellos mismos lo hubiesen concebido. Pasaron los años y el niño, a quien dieron por nombre Edipo, se hizo hombre. Una vez visitando Delfos, le hacen saber que la pitonisa le deseaba ver. Ya en su presencia esta le presagia que el habría de matar a su padre y yacer en el mismo lecho que su madre. Libido ante semejante destino, abandona la cueva de la pitonisa. El amaba a los reyes de Corinto, a quienes creía sus padres, y de ningún modo, deseaba cometer tal atrocidad en contra de ellos. Decidido a negar este oráculo, juro no volver nunca más a Corinto.
¡Pobre Edipo! ¡Si hubiese sabido que ignorando al oráculo lo negaba! ¡En tanto negándolo lo concretaba!
En sus errar, Edipo se cruza en un camino angosto con un carro y su sequito. Aquel que iba en el carro le exige que se aparte del camino, pues todo aquello hasta donde se alcanza a ver, le pertenece. Indignado ante tanta arrogancia, Edipo, sin siquiera saber que estaba parado ante Layo, rey de Tebas, y que este era su verdadero padre, lo enfrento matándolo a el y a todo su sequito.
¡Pobre Layo! ¡Pobre Edipo! ¡Cual juguetes del destino, cuanto han hecho para negar tan funesto oráculo y en su danza solo lo han concretado!
Tras muchas correrías, Edipo llega a Tebas y tras librarla del azote de la Esfinge, hembra terrible que devoraba a los hombres carentes de la gnosis necesaria para responder sus enigmas, gano el derecho de desposar a la reina viuda, Yocasta y regir sobre Tebas en lugar del difunto Layo. Pasaron los años, Edipo reino en paz y de su unión con Yocasta cuatro vástagos nacieron.
Pero una peste se abatió sobre Tebas y Edipo, el salvador de Tebas nada podía hacer. En pos de una solución a tan terrible plaga, Edipo hace traer a Tiresias, el adivino y este le indico que una maldición ha caido sobre Tebas porque Edipo, que se sienta en el trono de Layo y ha desposado a su reina viuda, es el asesino de Layo, pero también su vástago. Yocasta, horrorizada al entender el sacrilegio que ha cometido, abandona la estancia y en sus habitaciones se ahorca con su propia túnica. Edipo, al hallarla, comprende que al intentar evitar ese funesto oráculo, solo ha corrido hacia el. Arrebatado de dolor, toma los broches de Yocasta y se vacía las cuencas de los ojos. Cegado a si mismo, abandono el
palacio y deambulando por las calles de Tebas gritaba:
¡Oíd Tebas! ¡Oídme Bien!
¡Oíd bien a Edipo, aquel que creyó burlar al destino!
¡Solo aquel ciego al destino puede creerse dueño de este!
¡Solo aquel ciego al destino puede ser libre!
Thursday, August 30, 2007
Artillero
Siempre en esta guerra
¿Desde cuando?
Ni tu ni yo lo sabemos
Los obuses estallan
El estruendo ensordece hasta aturdir
Los cañones rugen
Y las flores de la guerra llenan el cielo
El olor a pólvora quemada lo inunda todo
El corazón late con rabia
¡Esta es la guerra!
¿Acaso nos deleita o nos aterra?
Aturdido sordo por los estallidos
Solo sigues disparando una y otra vez
Ya ni siquiera sabes a quien
Solo disparando una y otra vez
Artillero, aun esperas que regresen a buscarnos
Ni tu ni yo sabemos si ellos vendrán
Seguimos aquí
Afrontando esta guerra demente
Soportando este eterno cansancio
No espero por ellos
No espero regresar a un hogar ya olvidado
Este campo será mi hogar
¡Lo haré mi hogar!
He de ser mayor que mis odios
He de ser mayor que mis miedos
He de ser mayor que esta guerra demente
Sunday, August 19, 2007
El Génesis según Luzbel
Y al principio el trazo el orden de todas las cosas, todo lo que debía ser hermoso y lo que debía ser terrible. Pero uno de sus ángeles, el más hermoso de todos, el más semejante a el, cuestiono el orden ya trazado. Así, al dudar, la incertidumbre entro a la creación y ya nada podría sacarla. Enfurecido, el arrojo al ángel hermoso a su creación, al mundo.
En el ultimo día, a partir del barro, el creo al hombre y la mujer, tan inocentes, tan ignorantes. Eran los días en que los hombres no preguntaban su futuro, ni mucho menos le inquietaba el paso del tiempo, pues aun no sabían que un día habrían de morir.
En aquellos días, el ángel caído, en medio de su peregrinar eterno, se percato de estos hombres que no miran al horizonte. Se sentó en la cima de una montaña a contemplarlos. Nacían, tenían hijos y morían... Eso era todo, sin contemplar la maravilla que sucedía a su alrededor ni la maravilla que eran ellos mismos.
Tras mucho tiempo sentado en su montaña-santuario, entrevió una posibilidad que podría hacer más tolerable su destierro. Y quizás pudiese volver a caminar entre iguales. Así bajo al valle donde habitan los hombres que no miran al horizonte. Estos permanecían ocupados en su pacifica rutina, mientras el ángel los observaba desde los bosques cercanos. Cazaban las bestias del bosque, recogían los frutos de la tierra, amasaban el barro, nadaban en el río y se sentaban en las rocas a sentir como el sol calentaba sus miembros. en la noche se sentaban frente al fuego a hablar de sus días. Así transcurrieron los días, tan inocentes, tan ignorantes.
¿Cuantas estaciones el ángel los ha contemplado? Solo el bosque lo sabe. Más la espera esta pronta a concluir. El sol se oculta en el horizonte y el cielo se hace sangre. El ocaso ha sorprendido a una joven buscando raíces. Sola en el bosque, se percata del ángel caído. En un principio quiso correr pero pudo más la fascinación por ese ser hermoso que nunca había visto y por esos ojos tan tristes pero que también soñaban con grandes cosas. El ángel caído también contemplo a esa niña de mirada curiosa. Ante la penetrante fascinación en esa mirada, entendió que no se había equivocado y sonrió. tomo una espina y abrió con ella una vena. La sangre fluyo y se acumulo en una gran gota roja pendiendo de su dedo índice. Esta roja fruta la ofreció a la joven y se desvaneció cual sueño.
Regreso corriendo a su aldea. ya sentada frente al fuego relato a los demás sobre tan extraño encuentro. Cerrando su relato, les mostró el obsequio del ángel. Todos estaban fascinados con esa fruta roja, tan perfecta y brillante. Le fue entregada al más anciano de todos. Este la inspecciono detenidamente y la considera buena y así la repartió entre todos. Y sintiendo como su sabor único se derramaba en sus bocas, entendieron las palabras que susurra el fuego, las palabras escritas en las estrellas, las palabras que se esconden en el canto de los pájaros, las palabras que brama el viento y hablaron con la voz del viento. Cantaron con deleite, y las aguas cantaron con ellos, los bosques cantaron con ellos, las montañas cantaron con ellos, la creación entera canto con ellos, porque en su canto era recitada la escritura de Dios oculta en la creación.
Cuando abres las puertas del cielo también abres las puertas del infierno, porque al lado del éxtasis camina el vértigo.
Han sentido al universo en toda su plenitud y ante su inmensidad ven lo ínfimos que son.
Han visto la trama del destino comprendiendo que solo son hojas arrastradas por el rió.
Han oído la canción del tiempo que los lleva inexorablemente a su muerte.
El vértigo los abruma y el éxtasis se vuelve pavor. Aterrados cierran sus ojos. Ya no desean ver más. Postrándose de rodillas, elevan sus manos al cielo e imploran:
"Señor, perdona nuestra falta y devuélvenos tu gracia.
Termina esta angustia y devuélvenos la inocencia que perdimos.
Porque no hemos de ser tentados nuevamente por el Diablo"
El ángel caído miraba desolado esta escena. ¿Tanto se había equivocado? Les hizo conocer la felicidad, pero también les obsequio la angustia. Les dio libertad y ahora el peso de sus elecciones los atormenta. Les mostró el duro camino al rostro de Dios, aun al costo de su inocencia. Y por todo ello le odiaron. Así abandono el valle de los hombres que deambulan con los ojos cerrados y se retiro a su montaña-santuario. Allí sentado, comprendió algo que les dio esperanza.
Los hombres habían probado su sangre y así comprendieron la escritura de Dios oculta en la creación. Para algunos su llamado gritaría más fuerte que su temor.
